miércoles, 30 de septiembre de 2020

 Sufrir bien y sufrir sacado del Evangelio Según el Espiritismo

Cuando Cristo dijo: “Bienaventurados los afligidos, porque de ellos es el reino de los Cielos”, no se refería de modo general a los que sufren, pues todos los que están en la Tierra sufren, tanto quienes ocupan un trono como los que duermen sobre la paja. No obstante, desgraciadamente, pocos son los que sufren bien. Pocos comprenden que sólo las pruebas que se soportan bien son las que conducen al reino de Dios. El desaliento es una falta. Dios se rehúsa a brindaros consuelo cuando os falta valor. La oración es un sostén para el alma, pero no basta: es preciso que se apoye en una fe viva en la bondad de Dios. Se os ha dicho a menudo que Él no deposita una pesada carga sobre espaldas débiles. La carga es proporcional a las fuerzas, así como la recompensa será proporcional a la resignación y al valor. La recompensa tendrá tanto más valor cuanto más penosa haya sido la aflicción. Pero esa recompensa debe ser merecida, por eso en la vida abundan las tribulaciones.

El militar que no es enviado a las líneas de fuego no está satisfecho, porque el descanso en el campamento no es propicio para su ascenso. Sed, pues, como el militar, y no anheléis un descanso con el que se entorpecería vuestro cuerpo y se embotaría vuestra alma. Cuando Dios os envíe a la lucha, poneos alegres. Esa lucha no consiste en el fuego de la batalla, sino en las amarguras de la vida, en las que a veces se necesita más valor que en un combate sangriento, pues quien se mantiene firme ante el enemigo puede flaquear bajo el peso de una pena moral. El hombre no recibe recompensa alguna para esa clase de valor, pero Dios le reserva la palma de la victoria y un lugar glorioso. Cuando tengáis un motivo para el sufrimiento o la contrariedad, intentad superarlo, y cuando lleguéis a dominar los impulsos de la impaciencia, de la cólera o la desesperación, decíos a vosotros mismos, con justa satisfacción: “He sido más fuerte”.

Bienaventurados los afligidos puede, por consiguiente, traducirse de este modo: “Bienaventurados los que tienen ocasión de poner a prueba su fe, su firmeza, su perseverancia y su sumisión a la voluntad de Dios, porque obtendrán centuplicada la alegría que les falta en la Tierra, y a continuación del trabajo vendrá el descanso”. (Lacordaire. El Havre, 1863.)

 

miércoles, 11 de marzo de 2020


Hospital Esperanza

Diciembre 12, 2011

(Extraído de: La weblog espirita de Mari)



Debate con Eurípides Barsanulfo
HOSPITAL ESPERANZA

¿Cómo surgió la idea de la construcción del Hospital Esperanza? *
Antes de nuestra última existencia carnal en el año 1880, dejamos en la erraticidad un instituto de educación inspirado en Pestalozzi, Allan Kardec y Jesús Cristo. En 1918, después de haber materializado en el plano físico un pálido reflejo de ese instituto, en la ciudad de Sacramento, regresamos al mundo espiritual para dar mayor expansión a la labor.
Las iniciativas de las que tuvimos ocasión en la corta reencarnación de treinta y ocho años, inspiraron a algunos corazones queridos que participaban con nosotros en la responsabilidad de un largo programa espiritual. Entre ellos, renace el 16 de abril de 1889, María Modesta Cravo, en la ciudad de liberaba, quien fue escogida para plantar la semilla del Hospital Esperanza en plena Tierra.
El proyecto del Hospital existía en nuestro plano desde fines del siglo XIX, cuando las teorías psíquicas de recuperación y tratamiento de los enfermos mentales apenas despuntaban de forma embrionaria en el plano físico.
La homeopatía de esa época, tomó volumen y fuerza en las tierras brasileras tomándose “formulas de esperanza” para el pueblo. Las primeras experimentaciones sobre la psicofarmacología con comprobaciones aceleradas en Suiza y otros países europeos, determinaron avances significativos con el surgimiento de las medicaciones siquiátricas de efectos antes desconocidos.
Aun así, era cruel el drama expiatorio de la locura y de la enfermedad mental.
Fue alrededor de 1930 que recibimos la autorización de las Elevadas Esferas, con el permiso augusto de Jesús, para iniciar nuestro abrigo de paz para las almas que conocieron el Evangelio, pero que no consiguieron redimirse frente a sus conciencias, zambulléndose en lamentables fracasos en los cuadros aún inabordables de la locura espiritual.
En ese tiempo, doña María Modesta Cravo, ya cultivaba la semilla que funcionaría como puesto de alimentación e intercambio Intermundos, con la seguridad de que podríamos nombrarla el motor energético del Hospital Esperanza en pleno mundo físico.
Ella funda el 31 de diciembre de 1933, el Sanatorio Espirita de Uberaba.
Aunque, en la erraticidad, con el auxilio de extensas pléyades proyectábamos las enfermerías acogedoras para aquellos que se registraban en la frialdad de los pantanos congelados y fétidos de la culpa y de la angustia después de la muerte.
Las reuniones de desobsesión realizadas en Uberaba servían de puerta de entrada a los sufrientes de toda especie. Doña Modesta, como cariñosamente la llamaban los amigos, mantenía la dirección vigilante conduciendo nuestras relaciones en estrechas y afinadas repercusiones en dirección de los objetivos alcanzados.
El 8 de agosto de 1964 esa mensajera de amor incondicional retoma al mundo espiritual y asume, inmediatamente, a pedido de Bezerra de Menezes, el puesto de amorosa madre y educadora de los espíritas junto al Hospital.
Hoy, pasado casi siete décadas de las primeras movilizaciones del Hospital Esperanza, alcanzamos su estructura final, en un homenaje a nuestra Vía Láctea con sus cinco brazos abiertos al Amor Universal. Cada brazo es un pabellón del bien y de la recuperación con aproximadamente dos mil camas y las más variadas tareas de salud y paz, desde el recogimiento en los abismos hasta el nuevo reingreso carnal bajo la tutela del Señor de la Viña. Con todo hoy contamos con más de setenta mil camas completas en los puestos de socorros señalados junto a entidades de amor cristiano en la Tierra, hacia donde son llevados, en muchos casos, en sus primeros momentos de rescate, los sufridores y derrotados que recién llegaron al puerto de la muerte.

*NOTA DEL MÉDIUM: En la novela “Lirios de Esperanza” de la autora espiritual Ermance Dufaux, encontramos más detalles sobre esa obra de amor fundada por Eurípides Barsanulfo en el mundo espiritual.


¿Por qué los espiritas recibieron una cuota de espacio con mayor amplitud junto al Hospital con dos pabellones enteros ocupados?
Después del retorno de doña Modesta, Bezerra de Menezes, que orientaba con su amor los pabellones donde recogíamos a los cristianos espiritas en lamentables sufrimientos, le pasa el galardón del trabajo en razón de otros compromisos más graves, que el paladín de la unificación asumiera junto al Espíritu de Verdad.
Por lo tanto, desde el año 1964, ella conduce con gallardía a los senderos de luz ella se lo entregaron por merecimiento.
Bezerra, como es propio de las almas nobles, es pura ternura, aunque pocos compañeros en la carne le conozcan el temple positivo y definido. Se observa, sin embargo, que la rebeldía era una expresión común en buena parte de los seguidores del Cristo que, al alcanzar los portales del Hospital se quejaban y sublevaban como resultado de su estado espiritual y de los desagrados con la muerte — algo que jamás esperaban pasar por suponerse redimidos y salvos. Era muy urgente la actuación de alguien de temperamento sincero y firme conduciendo la obra con mayor rigor, sin perder la ternura del amor. Doña María Modesta reunía las condiciones para la experiencia. La sembradora se acostumbró a luchar con los caprichos humanos, inclusive de compañeros del ideal.
Los dolores de los que conocen a Jesús y lo niegan son indescriptibles. Los hermanos del ideal que mucho recibieron y no honran sus concesiones, se amargan por la desilusión de la muerte en una profunda expiación en su mundo íntimo. Verificando los cuadros de horror y exploración hipnótica provocada en la mente de muchos espíritas desencarnados, priorizamos nuestras operaciones a los depositarios del tesoro de los talentos espirituales. Es justo en las leyes naturales que el tamaño del tropiezo amplié la misericordia, sin que eso signifique suprimir totalmente el dolor y sin garantizar evitarle nuevo comienzo en los brazos de la prueba.
A los espiritas — cristianos son destinados mayor espacio en el Hospital porque sus dramas son dignos de piedad y compleja operación de salvación.

¿Los dos pabellones están al cuidado de nuestra hermana?
Solamente uno de ellos, al cual se consagró con intensa devoción por los dramas inenarrables a que se subyugan esas almas: Es el pabellón de los dirigentes espíritas.
En ese pabellón encontramos alas enteras destinadas a la recuperación de conductores de la unificación que eligieron para sí el trofeo de la supremacía, presidentes de centros espiritas que se encantaron con su cargo, dirigentes de intercambios mediúmnicos conducidos a intereses personales, médiums angustiados por el personalismo e innumerables almas que tuvieron la gracia de determinar y escoger, para que cayeran en las trampas crueles del orgullo en franco descenso hacia la inferioridad.

¿Cuál es el principal drama que acometen a los dirigentes espirita atendidos en el Hospital Esperanza?
Para aquellos que guardan un poco más de lucidez sobre sus necesidades, es el hecho de no haber realizado todo el bien que podían, y no quisieron hacerlo.
Para aquellos que, a pesar de las luces del conocimiento preferían la noche de las ilusiones sobre sí mismos, es la terrible sensación de fracaso seguido de angustia consciente de la fuga del encuentro con él mismo.
Aquellos que desertaron y se quedaron en las disculpas y en el descuido de sus deberes a la luz del Evangelio, y el dolor del remordimiento desesperado en los pantanos del desequilibrio íntimo, a los cuales se vinculan bajo rendición incondicional por no poseer el mínimo de virtudes ante la inmensidad de los recursos que recibieron.
La condición de las almas que conocieron el Espiritismo y alcanzaron la responsabilidad de formadores de opinión, teniendo influencia y poder de decisión, inteligencia y amplia visión, es como aquel siervo de la parábola de los talentos que enterró el tesoro generoso concedido por el Señor, por el miedo a las luchas que enfrentaría en la ingente batalla con él mismo.
Por eso, aquellos que tienen responsabilidades colectivas junto a comunidades doctrinarias, son almas incluidas en lo que llamaremos de sublime expiación, o sea la condición irreversible de ser donante del bien ajeno por encima de sus propios intereses personales, tarea esa que demanda renuncia y loable sacrificio, para alcanzar la plataforma de la fidelidad y grandeza esperada en su labor comunitaria.
Sin duda, los dirigentes de cualquier actividad a la luz del Evangelio son: “sal de la Tierra y luz del Mundo”, mencionados por el Cristo de Dios en su mensaje consolador. Siendo convocados, por esa razón a prestar cuentas incalculables con la misericordia Divina que jamás les abandona sin los talentos necesarios para la jornada.

¿Cuál ha sido el estado espiritual de los dirigentes de la unificación en el Hospital?
Pasan por los mismos dramas comunes a cualquier ser humano. Están sometidos a las mismas leyes inderogables creadas por el Padre.
No son almas especiales. Son depositarias de gravísimas responsabilidades y compromisos.
Muchas de ellas ya reencarnaron con severos débitos junto a la colectividad, adquiridos éstos en deslices en las vidas sucesivas, junto a los campos de la religiosidad y del poder.
Hemos recibido a algunos de ellos, como portadores de relativa tranquilidad por las realizaciones a que se entregaron con buena voluntad y deseos de ser útil.
La mayoría no obstante a pesar de las alegrías dosificadas por el bien que hicieron al Espiritismo, cargaron un doloroso vacío en el corazón, por no haberse aproximado tanto como pudieron a las necesidades humanas a lo largo de la jornada. Cuando transponen los muros de la muerte se dan cuenta que pasaron de modo directo a las sendas de la devoción institucional, cuando muchas veces les era suplicado bordear por atajos desafiantes, a fin de socorrer con avidez a cuantos les sirvieron de amparo en el mismo camino, y quedaron estacionados frente a los tropiezos del viaje. Otras veces, por guardar demasiado interés con pactos y tradiciones, adoptaron posturas intransigentes hiriendo y desanimando a corazones sensibles y portadores de noble idealismo. Además encontramos otros que sufren terribles frustraciones por no haber roto convenios, y tendido la mano y la palabra a los que les presentaban diversos modos de entendimiento. Tenemos también aquellos que cargan sufrido arrepentimiento por haberse hechizado demasiado con la tarea, juzgándose misioneros de largo porte, dejando a la familia consanguínea carente de afecto, abandonando deberes simples del hogar. Otros tantos se enfrentarán con actitudes de rigurosa vigilia sobre la acción del movimiento espirita, cayendo en la vieja celada de la hegemonía y de la vigilancia ideológica, experimentando el sentimiento de vergüenza al tener que despertar, aquí mismo en el Hospital, con muchos de aquellos que les sufrieron los golpes y que se encuentran en armonía con la conciencia divina. Aún existen casos más dolorosos en los cuales, después de muchas perturbaciones y maledicencia, algunos corazones distraídos caen en las garras de adversarios implacables del Espiritismo, pasando expiaciones en regiones inferiores en la erraticidad bajo la hipnosis y análisis obsesivo.
Todos esos corazones sinceros, pero infantiles, peregrinarán una vez más por las viejas ilusiones del servicio exterior en nombre de la redención espiritual. Aunque sea de mucho valor todo lo que hicieron en nombre del Espiritismo, desgraciadamente es preciso constatar que muchos de ellos en verdad, se sirvieron a sí mismos y no a la causa. Se adornaban con títulos y cargos, ceremonias y pequeños sacrificios que les aseguraban una clara sensación del deber cumplido. Ese fue el gran equívoco de los servidores cristianos de todos los tiempos. Con Jesús y Su mensaje, el deber es la obligación que influye a la conciencia en los arcanos de la justicia y si el discípulo sincero desea equipararse en los pasos del amor, jamás podrá descuidar el convivir y servir a su prójimo sin esperar nada a cambio.
El foco de la unificación a la luz del Evangelio es el ser humano, o sea el hombre. Muchos dirigentes llegan al Hospital, en contra de su voluntad, enfocan la unificación en valores utilitaristas y temporales.
Son pocos aquellos que cumplirán sus responsabilidades ajustadas a la propuesta de Jesús al establecer que el mayor en el reino de los cielos es aquel que se convierte en el ciervo de todos. Para esos, la unificación fue una entrada de acceso y liberación porque encima de las convenciones de defensa del Espiritismo ellos colocaron los valores del Evangelio en las relaciones que construirán, y nunca se apartarán de las labores de amor al prójimo en los cuales vivirá el alma de la unificación, la valorización humana. Haciendo así cuidarán no solo del Espiritismo, sino, de sí mismos, adoptando la propuesta educativa del Cristo de amar al prójimo, como a sí mismo.

¿Cuál es el perfil espiritual de los dirigentes de la unificación?
Casi todos fueron significativos líderes junto al tronco judío – cristiano en sucesivas reencarnaciones en la religiosidad sin amor. Esa condición les aportó lamentables cuadros expiatorios en la erraticidad.
Con el surgimiento de las reuniones de socorristas en el movimiento espírita brasilero a fines del siglo XIX, muchas de esas almas fueron cariñosamente adoctrinadas después de haber sido retiradas de los charcos del remordimiento en zonas purgatoriales, aceptando nuevas responsabilidades junto a los esfuerzos de fe colectiva que comenzaban a esbozarse en los comienzos de la organización de la Doctrina Espirita en Brasil.
Se trata de una generación de espíritus muy aferrados todavía a las necesidades institucionales de las cuales van, paulatinamente desprendiéndose.
Es necesario estudiar minuciosamente la historia espiritual trasladando el árbol del Evangelio hacia Brasil, a fin de entender los dramas milenarios.

¿Qué directrices prácticas podríamos adoptar para la adquisición de buenos dirigentes a la luz del Evangelio?
La condición de hombres que quieran aprender a dialogar, que sepan pedir perdón y asuman definitivamente al prójimo como más importante que la institución.
Hombres que tengan coraje para asumir los riesgos de dirigir con el corazón, amando incondicionalmente y abdicando de formalidades que muchas veces causan la sensación de seguridad y grandeza.
Las directrices para una liberación con amor están resumidas en la incomparable afirmativa del Maestro Nazareno cuando afirmó: Seréis conocidos como mis discípulos por lo mucho que amareis(“)

¿Porqué los espiritas enfrentan tantos problemas con la muerte, cuando deberían esperar mejores cosechas en el proceso de la liberación?
Porque no supieron vivir bien, así como la mayoría de las criaturas que reciben la bendición de la reencarnación.
La muerte es solamente un “pasaporte” hacia la transferencia a los planos de vida. Por lo tanto sólo existen trámites dolorosos en esos procesos, porque el espíritu lleva consigo el bagaje de sus conquistas y fracasos.
Especialmente, los devotos hermanos del espiritismo cristiano, han encontrado muchas luchas frente a la desencarnación en función de las ilusiones de las cuales se deberían despedir, en cuanto a la carne, pero que inadvertidamente, insistían en cultivar. Entre ellas, las que más amargura les causaron, es la de la superioridad que juzgaban poseer en razón del conocimiento y de las prácticas que realizaban.
Aquí, hemos recibido médiums equivocados que se suponían grandiosos, tan solo en razón de las buenas compañías espirituales que los asistían; oradores que cultivaban una imagen de enaltecimiento de si mismos, cuando solamente conseguían iluminar su boca, olvidando de honrar con la conducta recta el patrimonio sagrado del cuerpo; dirigentes que se encantaron con la supuesta condición de misioneros debido a las responsabilidades doctrinarias obtenidas, y que solamente eran exponentes de la indiferencia junto a sus hijos; devotos trabajadores asistenciales que creían sobremanera que el amor dispensado al otro era sinónimo de herramienta espiritual, incapaz todavía de cumplirla con alegría a sus propios vecinos. Todos ellos dejaron de percibir, que más significativo que ser espirita conforme a las convenciones humanas, la prioridad y meta de todos nosotros debe ser la formación de un hombre de bien.
Sin el “mata sellos” de la paz interior en sus pasaportes, la transferencia hacia el mundo de la Verdad, junto a los portales de la erraticidad, se transforma en desorden y sufren en razón de los dramas de conciencia del arrepentimiento tardío.

¿Sería justo considerar, en este caso, que el bien sembrado por nuestros compañeros junto a las lides espiritas no determina credibilidad espiritual?
Sería incoherencia negar el valor de las semillas del bien que plantaron. Lo que se torna imprescindible es rever la adhesión mecánica, en las cuales muchos corazones se especializaron largamente, sin apercibirse del bien que aquella siembra trae para uno mismo.
La labor doctrinaria de amor al prójimo es fuente de equilibrio, recursos defensivos contra las envestidas del mal y el estímulo para acercamos al encuentro de las conquistas de estados interiores nobles, que brotan espontáneamente en las realizaciones educativas de la caridad. Ahora resta auxiliar al hombre que bondadosamente se ha tornado en un dispensador de bendiciones para el prójimo, aprender como amarse a sí mismo en favor de su mejoramiento individual.
Esos caminos de perfeccionamiento, solo podrán ser suministrados por aquellos que a él se aplican para transmitir a los amigos menos experimentados sobre sus rumbos a seguir. Eso nos lleva a la conclusión que la responsabilidad de los dirigentes espiritas se centuplica a partir de esa perspectiva, porque asienta sobre ellos esa esperanza de los cielos; que se torne en referente de auto — amor y mensajeros de alegría cristiana en sí mismos.
Quien se ama sabe consolar e incentivar; atrae naturalmente a los afligidos y sufridos del camino que mendigan paz y esperanza; irradia espiritualidad e ilumina por donde pasa.
De esa forma, la caridad deja de ser el entrenamiento del afecto en los momentos de la asistencia formalizada y se promueve a la condición de fuerza espontánea que brota de la criatura feliz consigo mismo, consciente de que la madurez de su felicidad tiene el precio del bien y de la felicidad ajena, no pudiendo reducirse a fugaces instantes de donación con horas marcadas y en un lugar determinado.
Credibilidad espiritual es sinónimo de corazón ajustado a los dictámenes de la conciencia, condición esa solamente posible a través de mucho trabajo y cooperación en la Obra Divina, aguardando el rescate de los vínculos con las leyes naturales instituidas para la paz y el progreso en plena identidad con la armonía universal.

ACTITUD DE AMOR
CÍCERO PEREIRA