Diciembre
12, 2011
(Extraído
de: La weblog espirita de Mari)
Debate con
Eurípides Barsanulfo
HOSPITAL
ESPERANZA
¿Cómo surgió la idea de la construcción del
Hospital Esperanza? *
Antes de nuestra última existencia carnal en el año 1880, dejamos en la
erraticidad un instituto de educación inspirado en Pestalozzi, Allan Kardec y
Jesús Cristo. En 1918, después de haber materializado en el plano físico un
pálido reflejo de ese instituto, en la ciudad de Sacramento, regresamos al
mundo espiritual para dar mayor expansión a la labor.
Las iniciativas de las que tuvimos ocasión en la corta reencarnación de
treinta y ocho años, inspiraron a algunos corazones queridos que participaban
con nosotros en la responsabilidad de un largo programa espiritual. Entre
ellos, renace el 16 de abril de 1889, María Modesta Cravo, en la ciudad de
liberaba, quien fue escogida para plantar la semilla del Hospital Esperanza en
plena Tierra.
El proyecto del Hospital existía en nuestro plano desde fines del siglo
XIX, cuando las teorías psíquicas de recuperación y tratamiento de los enfermos
mentales apenas despuntaban de forma embrionaria en el plano físico.
La homeopatía de esa época, tomó volumen y fuerza en las tierras
brasileras tomándose “formulas de esperanza” para el pueblo. Las primeras
experimentaciones sobre la psicofarmacología con comprobaciones aceleradas en
Suiza y otros países europeos, determinaron avances significativos con el
surgimiento de las medicaciones siquiátricas de efectos antes desconocidos.
Aun así, era cruel el drama expiatorio de la locura y de la enfermedad
mental.
Fue alrededor de 1930 que recibimos la autorización de las Elevadas
Esferas, con el permiso augusto de Jesús, para iniciar nuestro abrigo de paz
para las almas que conocieron el Evangelio, pero que no consiguieron redimirse
frente a sus conciencias, zambulléndose en lamentables fracasos en los cuadros
aún inabordables de la locura espiritual.
En ese tiempo, doña María Modesta Cravo, ya cultivaba la semilla que
funcionaría como puesto de alimentación e intercambio Intermundos, con la
seguridad de que podríamos nombrarla el motor energético del Hospital Esperanza
en pleno mundo físico.
Ella funda el 31 de diciembre de 1933, el Sanatorio Espirita de Uberaba.
Aunque, en la erraticidad, con el auxilio de extensas pléyades
proyectábamos las enfermerías acogedoras para aquellos que se registraban en la
frialdad de los pantanos congelados y fétidos de la culpa y de la angustia
después de la muerte.
Las reuniones de desobsesión realizadas en Uberaba servían de puerta de
entrada a los sufrientes de toda especie. Doña Modesta, como cariñosamente la
llamaban los amigos, mantenía la dirección vigilante conduciendo nuestras
relaciones en estrechas y afinadas repercusiones en dirección de los objetivos
alcanzados.
El 8 de agosto de 1964 esa mensajera de amor incondicional retoma al
mundo espiritual y asume, inmediatamente, a pedido de Bezerra de Menezes, el
puesto de amorosa madre y educadora de los espíritas junto al Hospital.
Hoy, pasado casi siete décadas de las primeras movilizaciones del
Hospital Esperanza, alcanzamos su estructura final, en un homenaje a nuestra
Vía Láctea con sus cinco brazos abiertos al Amor Universal. Cada brazo es un pabellón
del bien y de la recuperación con aproximadamente dos mil camas y las más
variadas tareas de salud y paz, desde el recogimiento en los abismos hasta el
nuevo reingreso carnal bajo la tutela del Señor de la Viña. Con todo hoy
contamos con más de setenta mil camas completas en los puestos de socorros
señalados junto a entidades de amor cristiano en la Tierra, hacia donde son
llevados, en muchos casos, en sus primeros momentos de rescate, los sufridores
y derrotados que recién llegaron al puerto de la muerte.
*NOTA DEL
MÉDIUM: En la novela “Lirios de Esperanza” de la autora
espiritual Ermance Dufaux, encontramos más detalles sobre esa obra de amor
fundada por Eurípides Barsanulfo en el mundo espiritual.
¿Por qué los
espiritas recibieron una cuota de espacio con mayor amplitud junto al Hospital
con dos pabellones enteros ocupados?
Después del retorno de doña Modesta, Bezerra de Menezes, que orientaba
con su amor los pabellones donde recogíamos a los cristianos espiritas en
lamentables sufrimientos, le pasa el galardón del trabajo en razón de otros
compromisos más graves, que el paladín de la unificación asumiera junto al
Espíritu de Verdad.
Por lo tanto, desde el año 1964, ella conduce con gallardía a los
senderos de luz ella se lo entregaron por merecimiento.
Bezerra, como es propio de las almas nobles, es pura ternura, aunque
pocos compañeros en la carne le conozcan el temple positivo y definido. Se
observa, sin embargo, que la rebeldía era una expresión común en buena parte de
los seguidores del Cristo que, al alcanzar los portales del Hospital se
quejaban y sublevaban como resultado de su estado espiritual y de los
desagrados con la muerte — algo que jamás esperaban pasar por suponerse
redimidos y salvos. Era muy urgente la actuación de alguien de temperamento
sincero y firme conduciendo la obra con mayor rigor, sin perder la ternura del
amor. Doña María Modesta reunía las condiciones para la experiencia. La
sembradora se acostumbró a luchar con los caprichos humanos, inclusive de
compañeros del ideal.
Los dolores de los que conocen a Jesús y lo niegan son indescriptibles.
Los hermanos del ideal que mucho recibieron y no honran sus concesiones, se
amargan por la desilusión de la muerte en una profunda expiación en su mundo
íntimo. Verificando los cuadros de horror y exploración hipnótica provocada en
la mente de muchos espíritas desencarnados, priorizamos nuestras operaciones a
los depositarios del tesoro de los talentos espirituales. Es justo en las leyes
naturales que el tamaño del tropiezo amplié la misericordia, sin que eso
signifique suprimir totalmente el dolor y sin garantizar evitarle nuevo
comienzo en los brazos de la prueba.
A los espiritas — cristianos son destinados mayor espacio en el Hospital
porque sus dramas son dignos de piedad y compleja operación de salvación.
¿Los dos
pabellones están al cuidado de nuestra hermana?
Solamente uno de ellos, al cual se consagró con intensa devoción por los
dramas inenarrables a que se subyugan esas almas: Es el pabellón de los
dirigentes espíritas.
En ese pabellón encontramos alas enteras destinadas a la recuperación de
conductores de la unificación que eligieron para sí el trofeo de la supremacía,
presidentes de centros espiritas que se encantaron con su cargo, dirigentes de
intercambios mediúmnicos conducidos a intereses personales, médiums angustiados
por el personalismo e innumerables almas que tuvieron la gracia de determinar y
escoger, para que cayeran en las trampas crueles del orgullo en franco descenso
hacia la inferioridad.
¿Cuál es el
principal drama que acometen a los dirigentes espirita atendidos en el Hospital
Esperanza?
Para aquellos que guardan un poco más de lucidez sobre sus necesidades,
es el hecho de no haber realizado todo el bien que podían, y no quisieron
hacerlo.
Para aquellos que, a pesar de las luces del conocimiento preferían la
noche de las ilusiones sobre sí mismos, es la terrible sensación de fracaso
seguido de angustia consciente de la fuga del encuentro con él mismo.
Aquellos que desertaron y se quedaron en las disculpas y en el descuido
de sus deberes a la luz del Evangelio, y el dolor del remordimiento desesperado
en los pantanos del desequilibrio íntimo, a los cuales se vinculan bajo
rendición incondicional por no poseer el mínimo de virtudes ante la inmensidad
de los recursos que recibieron.
La condición de las almas que conocieron el Espiritismo y alcanzaron la
responsabilidad de formadores de opinión, teniendo influencia y poder de
decisión, inteligencia y amplia visión, es como aquel siervo de la parábola de
los talentos que enterró el tesoro generoso concedido por el Señor, por el
miedo a las luchas que enfrentaría en la ingente batalla con él mismo.
Por eso, aquellos que tienen responsabilidades colectivas junto a
comunidades doctrinarias, son almas incluidas en lo que llamaremos de sublime
expiación, o sea la condición irreversible de ser donante del bien ajeno por
encima de sus propios intereses personales, tarea esa que demanda renuncia y
loable sacrificio, para alcanzar la plataforma de la fidelidad y grandeza
esperada en su labor comunitaria.
Sin duda, los dirigentes de cualquier actividad a la luz del Evangelio
son: “sal de la Tierra y luz del Mundo”, mencionados por el Cristo de Dios en
su mensaje consolador. Siendo convocados, por esa razón a prestar cuentas
incalculables con la misericordia Divina que jamás les abandona sin los
talentos necesarios para la jornada.
¿Cuál ha
sido el estado espiritual de los dirigentes de la unificación en el Hospital?
Pasan por los mismos dramas comunes a cualquier ser humano. Están
sometidos a las mismas leyes inderogables creadas por el Padre.
No son almas especiales. Son depositarias de gravísimas
responsabilidades y compromisos.
Muchas de ellas ya reencarnaron con severos débitos junto a la
colectividad, adquiridos éstos en deslices en las vidas sucesivas, junto a los
campos de la religiosidad y del poder.
Hemos recibido a algunos de ellos, como portadores de relativa
tranquilidad por las realizaciones a que se entregaron con buena voluntad y
deseos de ser útil.
La mayoría no obstante a pesar de las alegrías dosificadas por el bien
que hicieron al Espiritismo, cargaron un doloroso vacío en el corazón, por no
haberse aproximado tanto como pudieron a las necesidades humanas a lo largo de
la jornada. Cuando transponen los muros de la muerte se dan cuenta que pasaron
de modo directo a las sendas de la devoción institucional, cuando muchas veces
les era suplicado bordear por atajos desafiantes, a fin de socorrer con avidez
a cuantos les sirvieron de amparo en el mismo camino, y quedaron estacionados
frente a los tropiezos del viaje. Otras veces, por guardar demasiado interés
con pactos y tradiciones, adoptaron posturas intransigentes hiriendo y
desanimando a corazones sensibles y portadores de noble idealismo. Además encontramos
otros que sufren terribles frustraciones por no haber roto convenios, y tendido
la mano y la palabra a los que les presentaban diversos modos de entendimiento.
Tenemos también aquellos que cargan sufrido arrepentimiento por haberse
hechizado demasiado con la tarea, juzgándose misioneros de largo porte, dejando
a la familia consanguínea carente de afecto, abandonando deberes simples del
hogar. Otros tantos se enfrentarán con actitudes de rigurosa vigilia sobre la
acción del movimiento espirita, cayendo en la vieja celada de la hegemonía y de
la vigilancia ideológica, experimentando el sentimiento de vergüenza al tener
que despertar, aquí mismo en el Hospital, con muchos de aquellos que les
sufrieron los golpes y que se encuentran en armonía con la conciencia divina.
Aún existen casos más dolorosos en los cuales, después de muchas perturbaciones
y maledicencia, algunos corazones distraídos caen en las garras de adversarios
implacables del Espiritismo, pasando expiaciones en regiones inferiores en la erraticidad
bajo la hipnosis y análisis obsesivo.
Todos esos corazones sinceros, pero infantiles, peregrinarán una vez más
por las viejas ilusiones del servicio exterior en nombre de la redención
espiritual. Aunque sea de mucho valor todo lo que hicieron en nombre del
Espiritismo, desgraciadamente es preciso constatar que muchos de ellos en
verdad, se sirvieron a sí mismos y no a la causa. Se adornaban con títulos y
cargos, ceremonias y pequeños sacrificios que les aseguraban una clara
sensación del deber cumplido. Ese fue el gran equívoco de los servidores
cristianos de todos los tiempos. Con Jesús y Su mensaje, el deber es la
obligación que influye a la conciencia en los arcanos de la justicia y si el
discípulo sincero desea equipararse en los pasos del amor, jamás podrá
descuidar el convivir y servir a su prójimo sin esperar nada a cambio.
El foco de la unificación a la luz del Evangelio es el ser humano, o sea
el hombre. Muchos dirigentes llegan al Hospital, en contra de su voluntad,
enfocan la unificación en valores utilitaristas y temporales.
Son pocos aquellos que cumplirán sus responsabilidades ajustadas a la
propuesta de Jesús al establecer que el mayor en el reino de los cielos es
aquel que se convierte en el ciervo de todos. Para esos, la unificación fue una
entrada de acceso y liberación porque encima de las convenciones de defensa del
Espiritismo ellos colocaron los valores del Evangelio en las relaciones que
construirán, y nunca se apartarán de las labores de amor al prójimo en los
cuales vivirá el alma de la unificación, la valorización humana. Haciendo así
cuidarán no solo del Espiritismo, sino, de sí mismos, adoptando la propuesta
educativa del Cristo de amar al prójimo, como a sí mismo.
¿Cuál es el perfil espiritual de los dirigentes de
la unificación?
Casi todos fueron significativos líderes junto al tronco judío –
cristiano en sucesivas reencarnaciones en la religiosidad sin amor. Esa
condición les aportó lamentables cuadros expiatorios en la erraticidad.
Con el surgimiento de las reuniones de socorristas en el movimiento
espírita brasilero a fines del siglo XIX, muchas de esas almas fueron
cariñosamente adoctrinadas después de haber sido retiradas de los charcos del
remordimiento en zonas purgatoriales, aceptando nuevas responsabilidades junto
a los esfuerzos de fe colectiva que comenzaban a esbozarse en los comienzos de
la organización de la Doctrina Espirita en Brasil.
Se trata de una generación de espíritus muy aferrados todavía a las
necesidades institucionales de las cuales van, paulatinamente desprendiéndose.
Es necesario estudiar minuciosamente la historia espiritual trasladando
el árbol del Evangelio hacia Brasil, a fin de entender los dramas milenarios.
¿Qué
directrices prácticas podríamos adoptar para la adquisición de buenos dirigentes
a la luz del Evangelio?
La condición de hombres que quieran aprender a dialogar, que sepan pedir
perdón y asuman definitivamente al prójimo como más importante que la
institución.
Hombres que tengan coraje para asumir los riesgos de dirigir con el corazón,
amando incondicionalmente y abdicando de formalidades que muchas veces causan
la sensación de seguridad y grandeza.
Las directrices para una liberación con amor están resumidas en la
incomparable afirmativa del Maestro Nazareno cuando afirmó: Seréis conocidos
como mis discípulos por lo mucho que amareis(“)
¿Porqué los
espiritas enfrentan tantos problemas con la muerte, cuando deberían esperar
mejores cosechas en el proceso de la liberación?
Porque no supieron vivir bien, así como la mayoría de las criaturas que
reciben la bendición de la reencarnación.
La muerte es solamente un “pasaporte” hacia la transferencia a los planos
de vida. Por lo tanto sólo existen trámites dolorosos en esos procesos, porque
el espíritu lleva consigo el bagaje de sus conquistas y fracasos.
Especialmente, los devotos hermanos del espiritismo cristiano, han
encontrado muchas luchas frente a la desencarnación en función de las ilusiones
de las cuales se deberían despedir, en cuanto a la carne, pero que
inadvertidamente, insistían en cultivar. Entre ellas, las que más amargura les
causaron, es la de la superioridad que juzgaban poseer en razón del conocimiento
y de las prácticas que realizaban.
Aquí, hemos recibido médiums equivocados que se suponían grandiosos, tan
solo en razón de las buenas compañías espirituales que los asistían; oradores
que cultivaban una imagen de enaltecimiento de si mismos, cuando solamente
conseguían iluminar su boca, olvidando de honrar con la conducta recta el
patrimonio sagrado del cuerpo; dirigentes que se encantaron con la supuesta
condición de misioneros debido a las responsabilidades doctrinarias obtenidas,
y que solamente eran exponentes de la indiferencia junto a sus hijos; devotos
trabajadores asistenciales que creían sobremanera que el amor dispensado al
otro era sinónimo de herramienta espiritual, incapaz todavía de cumplirla con
alegría a sus propios vecinos. Todos ellos dejaron de percibir, que más
significativo que ser espirita conforme a las convenciones humanas, la
prioridad y meta de todos nosotros debe ser la formación de un hombre de bien.
Sin el “mata sellos” de la paz interior en sus pasaportes, la transferencia
hacia el mundo de la Verdad, junto a los portales de la erraticidad, se
transforma en desorden y sufren en razón de los dramas de conciencia del
arrepentimiento tardío.
¿Sería justo
considerar, en este caso, que el bien sembrado por nuestros compañeros junto a
las lides espiritas no determina credibilidad espiritual?
Sería incoherencia negar el valor de las semillas del bien que
plantaron. Lo que se torna imprescindible es rever la adhesión mecánica, en las
cuales muchos corazones se especializaron largamente, sin apercibirse del bien
que aquella siembra trae para uno mismo.
La labor doctrinaria de amor al prójimo es fuente de equilibrio,
recursos defensivos contra las envestidas del mal y el estímulo para acercamos
al encuentro de las conquistas de estados interiores nobles, que brotan
espontáneamente en las realizaciones educativas de la caridad. Ahora resta
auxiliar al hombre que bondadosamente se ha tornado en un dispensador de
bendiciones para el prójimo, aprender como amarse a sí mismo en favor de su
mejoramiento individual.
Esos caminos de perfeccionamiento, solo podrán ser suministrados por
aquellos que a él se aplican para transmitir a los amigos menos experimentados
sobre sus rumbos a seguir. Eso nos lleva a la conclusión que la responsabilidad
de los dirigentes espiritas se centuplica a partir de esa perspectiva, porque
asienta sobre ellos esa esperanza de los cielos; que se torne en referente de
auto — amor y mensajeros de alegría cristiana en sí mismos.
Quien se ama sabe consolar e incentivar; atrae naturalmente a los
afligidos y sufridos del camino que mendigan paz y esperanza; irradia
espiritualidad e ilumina por donde pasa.
De esa forma, la caridad deja de ser el entrenamiento del afecto en los
momentos de la asistencia formalizada y se promueve a la condición de fuerza
espontánea que brota de la criatura feliz consigo mismo, consciente de que la
madurez de su felicidad tiene el precio del bien y de la felicidad ajena, no
pudiendo reducirse a fugaces instantes de donación con horas marcadas y en un
lugar determinado.
Credibilidad espiritual es sinónimo de corazón ajustado a los dictámenes
de la conciencia, condición esa solamente posible a través de mucho trabajo y
cooperación en la Obra Divina, aguardando el rescate de los vínculos con las
leyes naturales instituidas para la paz y el progreso en plena identidad con la
armonía universal.
ACTITUD DE
AMOR
CÍCERO
PEREIRA