Vamos analizar por etapas el importante papel que juegan
mente y periespiritu en el desenvolvimiento de las comunicaciones mediúmnicas.
EL PAPEL DE LA MENTE
En la mente hallamos la base de todas las manifestaciones
cualquiera que sean las características en que se expresen. Recibimos y
emitimos en virtud de la afinidad y sintonía que establecemos. Todos vivimos en
régimen de comunión, según los principios de la afinidad y vivimos inmersos en
una mar de ondas y vibraciones con las que sintonizamos de manera natural. En
la vida común, el alma entra en resonancia con las corrientes mentales en que
respiran las almas que se le asemejan.
Es que sintiendo, mentalizando, hablando o actuando, sintonizamos con las emociones e ideas de todas las personas, encarnadas o desencarnadas, de nuestra faja de simpatía.
Pensando, conversando o trabajando, la fuerza de nuestras
ideas, palabras y actos, alcanzan en un momento, un potencial tantas veces
mayor cuantas sean las personas encarnadas o no que concuerden con nosotros.
Es de esa forma que pueden ocurrir las comunicaciones mediúmnicas entre el Espíritu desencarnado o comunicante y el encarnado o médium. Podemos afirmar que el intercambio mediúmnico es el resultante de una percepción ocurrida más allá de la materia (percepción extra-sensorial), seguida de una sintonía, donde se captan las emociones y las ideas del desencarnado.
Es importante entender que la percepción, la sintonía y la captación referidas más arriba, se hacen por intermedio de las corrientes ondulatorias del pensamiento. Como hemos dicho, la Tierra, con todo lo que contiene, está sumergida en un inmenso mar de ondas. Ondas luminosas, sonoras, caloríficas y mentales.
Una frase que emitimos o un instrumento que vibra crean
ondas sonoras. En resumen, todo
movimiento, toda agitación se realiza por la emisión de ondas, a través de los
innumerables y diversos cuerpos de la naturaleza.
Las ondas son evaluadas según la longitud en que se expresan, dependiendo esa longitud del emisor en que se verifica la agitación (agitación entendida aquí como el foco propagador de la onda, que produce la vibración).
Una fina vara tocando las aguas de un lago provocará ondas
pequeñas, mientras que un tronco de madera, arrojado al depósito líquido,
trazará ondas mayores.
Un contrabajo las lanzará muy largas.
Un flautín las hará más cortas.
Las ondas u oscilaciones electromagnéticas son siempre de la
misma sustancia, diferenciándose, sin embargo, en la pauta de su longitud o
distancia. Así, las ondas pueden ser clasificadas en largas, medias, cortas y
ultra-cortas.
Una onda sería, entonces, una oscilación o vibración que
camina de un lado para otro, una vez que nada existe en la naturaleza que sea
absolutamente inmóvil.
Onda es, pues, la vibración que camina. A su vez, toda onda
emitida es hecha en una frecuencia de tiempo, es decir, la frecuencia establece
el número de emisiones o vibraciones que son ejecutadas en un segundo. Cuanto
mayor sea la frecuencia de nuestras ondas mentales, mayores serán las
probabilidades de alcanzar nuestro pensamiento las regiones elevadas de la vida.
Es importante, por tanto, que vigilemos nuestros
pensamientos, dirigiéndolos para realizaciones nobles.
Si nuestro constante pensamiento es algo constructivo, los resultados serán positivos. Si, por el contrario, nuestra idea fija se traduce en ondas de bajo tenor vibratorio, al final habrá sufrimiento. El monoideismo es una situación de desequilibrio psíquico, en que la persona no piensa en nada más, fijando el pensamiento en una sola idea. Eso genera desequilibrio, porque la criatura se abstrae de la realidad donde está inserta.
Es importante recordar que, independientemente del tenor de
nuestras emanaciones mentales, siempre nos estaremos asociando a las corrientes
de pensamiento de otras personas, estén ellas encarnadas o en el plano espiritual.
Nuestras ondas mentales pueden ser clasificadas según su
longitud o radio de acción. El ser humano, al pensar, emite ondas mentales que
caracterizan su grado evolutivo: ondas más largas, de pequeño alcance, por
cierto resultantes de las preocupaciones o actividades triviales; ondas medias,
dirigidas para intereses menos inmediatistas; ondas cortas, de frecuencia
elevada, para asuntos espirituales nobles, y ondas súper-ultra-cortas, en que
se expresan las legiones angélicas.
Veamos que relación tiene todo ello con la práctica
mediúmnica:
1) La mente del Espíritu emite ondas mentales (ideas), que
podrá captarlas el cerebro del médium y transmitirlas a los componentes de la
reunión mediúmnica bajo la forma de palabras escritas o verbales o, también,
imágenes de videncia. Se ve que el cerebro del médium tiene acción bivalente o
bipolar: capta y transmite ondas mentales de sí mismo y de otros Espíritus.
2) Captado el pensamiento del Espíritu comunicante por el
médium, se inicia la comunicación mediúmnica propiamente dicha, debido a la
sintonía entre ambos.
El proceso de esa comunicación puede sufrir interferencias
de las ondas mentales de los integrantes encarnados del grupo mediúmnico; del
propio médium; de los trabajadores del equipo espiritual y del Espíritu
comunicante.
3) Si los pensamientos de los trabajadores encarnados son
armónicos, es decir, si el equipo se mantiene unido a la comunicación del Espíritu,
ayudando mentalmente al médium, al dialogador y al propio Espíritu comunicante,
el trabajo de atendimiento al
Espíritu sufriente fluye con tranquilidad. Si, mientras
tanto, el pensamiento del equipo de los encarnados y el de los médiums vagan
dispersivamente de forma indisciplinada, la desarmonía se establece, siendo
imposible la manifestación mediúmnica de los Espíritus
o, si esta ocurre, será distorsionada, incoherente o
confusa.
Así, todos los componentes del grupo mediúmnico deben
vigilar sus emisiones mentales, durante el trabajo de intercambio espiritual,
para que se realicen las comunicaciones previstas por los orientadores
espirituales.
EL PAPEL DEL PERIESPÍRITU
Como sabemos, los Espíritus encarnados y desencarnados
tienen un cuerpo fluídico, al que se da el nombre de periespíritu. Su sustancia
se extrae del fluido universal o cósmico, que lo forma y alimenta.
El periespíritu es más o menos etéreo, conforme a los mundos y el grado de depuración del Espíritu. En los mundos y en los Espíritus inferiores, es de naturaleza más grosera y se aproxima mucho a la materia bruta.
Durante la encarnación, el Espíritu conserva (también) su
periespíritu, siendo el cuerpo apenas un segundo envoltorio más grosero, más
resistente, apropiado a los fenómenos a que tiene que prestarse y del cual el
Espíritu se despoja por ocasión de la muerte.
El periespíritu sirve de intermediario al Espíritu y al cuerpo. Es el órgano de transmisión de todas las sensaciones. Relativamente a las que vienen del exterior, se puede decir que el cuerpo recibe la impresión; el periespíritu la transmite y el Espíritu, que es el ser sensible e inteligente, la recibe. Cuando el hecho es iniciativa del Espíritu, puede decirse que el Espíritu quiere, el periespíritu transmite y el cuerpo ejecuta.
El periespíritu no se halla encerrado en los límites del
cuerpo como en una caja. Por su naturaleza fluídica, es expansible, irradia
hacia el exterior y forma, alrededor del cuerpo, una especie de atmósfera que el
pensamiento y la fuerza de la voluntad pueden dilatar más o menos. De ahí se
sigue que hay personas que, sin estar en contacto corporal, pueden hallarse en
contacto por sus periespíritus e intercambiar, no obstante, impresiones y,
algunas veces, pensamientos, por medio de la intuición.
Siendo uno de los elementos constitutivos del hombre, el
periespíritu desempeña un importante papel en todos los fenómenos psicológicos
y, hasta cierto punto, en los fenómenos fisiológicos y patológicos.
Por medio del periespíritu, los Espíritus actúan sobre la materia inerte y producen los diversos fenómenos mediúmnicos. (…) No hay, pues, motivo de espanto cuando, con esa mecánica, los Espíritus producen ciertos efectos físicos, tales como golpes y
ruidos de toda especie; levantamiento, transporte o
lanzamiento de objetos.
Actuando sobre la materia, los Espíritus pueden manifestarse
de muchas maneras diferentes: por efectos físicos, como los ruidos y el
movimiento de objetos; por la transmisión del pensamiento, por la visión, por
la audición, por la palabra, por el tacto, por la escritura, por el dibujo, por
la música, etc. En una palabra, por todos los medios que sirvan para ponerlos
en comunicación con los hombres.
A continuación citaremos la acción del periespíritu en las comunicaciones mediúmnicas.
EL PAPEL DEL PERIESPIRITU EN LAS COMUNICACIONES MEDIUMNICAS
Un Espíritu produce el movimiento de un cuerpo sólido combinando una parte del fluido cósmico universal con el fluido que emite el médium, propio para aquél efecto.
El Espíritu San Luis esclarece:
Cuando una mesa se mueve bajo nuestras manos, el Espíritu aspira en el fluido universal lo que le es necesario para darle una vida ficticia. Preparada la mesa, el Espíritu la atrae y mueve bajo la influencia del fluido que de sí mismo desprende, por efecto de su voluntad. Cuando quiere poner en movimiento una masa por demás pesada para sus fuerzas, llama en su auxilio a otros Espíritus, cuyas condiciones sean idénticas a las suyas. En virtud de su naturaleza etérea, el Espíritu, propiamente dicho, no puede actuar sobre la materia grosera, sin intermediario, es decir, sin el elemento que lo une ala materia. Ese elemento, que constituye lo que llamáis periespíritu, os da la clave de todos los fenómenos espíritas de orden material (…).
Los Espíritus que provocan las manifestaciones físicas son
siempre Espíritus inferiores, que aún no se desprendieron enteramente de toda
la influencia material.
Ya se explicó que la densidad del periespíritu, si así se
puede decir, varía de acuerdo con el estado de los mundos. Parece que también
varía, en un mismo mundo, de individuo a individuo. En los Espíritus moralmente
adelantados, es más sutil y se aproxima al de los Espíritus elevados; en los
Espíritus inferiores, por el contrario, se aproxima al de la materia (…). Esta
grosería del periespíritu, dándole más afinidad con la materia, torna a los
Espíritus inferiores más aptos para las manifestaciones físicas.
San Luis nos explica también que es necesario que haya una
combinación de los fluidos mediúmnicos con los espirituales, en ese género de
manifestación. El propio fluido del médium (fluido vital) se combina con el
fluido universal que el Espíritu acumula. Es necesaria la unión de esos dos
fluidos, es decir, del fluido animalizado (del médium) y del fluido universal
para dar vida a la mesa, quede entendido que esa vida es sólo momentánea, que
se extingue con la acción y, a veces, antes de que ésta haya concluido, tan
pronto como la cantidad de fluido disponible deja de ser suficiente para
animarla.
En los fenómenos de transporte – otra modalidad de fenómenos
de efectos físicos – está encajada una intención benévola del Espíritu que lo
produce, por la naturaleza de los objetos, casi siempre graciosos, de que él se
sirve y por la manera suave, delicada incluso, por qué son traídos. (…) Son
casi siempre flores, frutos, confites, joyas, etc.
Kardec esclarece lo siguiente respecto al fenómeno.
«Quien desea tener fenómeno de este orden necesita tener
consigo médiums a los que llamaré – sensitivos, es decir, dotados en el más
alto grado de las facultades mediúmnicas de expansión y penetrabilidad, porque
el sistema nervioso fácilmente excitable de tales médiums les permite, por
medio de ciertas vibraciones, proyectar abundantemente a su alrededor, el
fluido animalizado (fluido vital, ectoplasmático) que le es es propio.»
«En efecto, es necesario que entre el Espíritu y el médium
influenciado exista cierta afinidad y cierta analogía; en resumen: cierta
semejanza capaz de permitir que la parte expansible del fluido periespirítico
(…) del encarnado se mezcle, se una, se combine con el del Espíritu que quiera
hacer un transporte. Esta fusión debe ser tal, que la fuerza resultante de ella
se vuelva, por decir así, una (…).
El fenómeno de transporte presenta una particularidad
notable, es que algunos médiums sólo lo obtienen en estado sonambúlico, lo que
fácilmente se explica. En el sonámbulo hay un desprendimiento natural, una
especie de aislamiento del Espíritu y del periespíritu, que debe facilitar la
combinación de los fluidos necesarios.
EL PAPEL DEL PERIESPIRITU EN LAS MANIFESTACIONES VISUALES
La explicación de cómo un Espíritu se vuelve visible, reside
en las propiedades
del periespíritu, que puede sufrir diversas modificaciones,
al género de Espíritu. En el estado
material en que nos encontramos, es decir, de reencarnación, sólo podemos ver a
un Espíritu o este se hace visible a nuestra visión mediúmnica por medio
de nuestros respectivos periespíritus.
Los Espíritus de la Codificación nos esclarecen que el
periespíritu es la envoltura intermediaria, por medio de la cual el Espíritu
desencarnado actúa sobre nuestros sentidos. Bajo esa envoltura es que aparecen,
a veces, con una forma humana o con
otra cualquiera, sea en los sueños, sea en el estado de
vigilia, en plena luz así como en la oscuridad.
En los fenómenos visuales no hay una condensación de los
fluidos periespirituales, como ocurre en los fenómenos físicos de modo general.
La combinación de los fluidos del médium con los del Espíritu presenta una
disposición especial – sin analogía para nosotros encarnados – necesaria a la
percepción mediúmnica.
Todas las personas pueden ver a los Espíritus durante el
sueño; en el estado de vigilia depende, no obstante, de la organización física
que les permite mayor o menor expansión periespiritual y combinación con el
periespíritu del desencarnado.
EL PAPEL DEL PERIESPÍRITU EN LA BICORPOREIDAD Y BILOCACIÓN
Estos dos fenómenos son variedades de las manifestaciones
visuales. (…) Se basan ambos en el principio de que todo lo que quedó dicho, de
las propiedades del periespíritu tras la muerte, se aplica al periespíritu de
los vivos (encarnados).
Como el Espíritu encarnado tiene envoltura periespirítica,
puede provocar el fenómeno de bilocación, dejando el cuerpo durmiendo, mientras
se disloca en el espacio, volviéndose visible y tangible en otro lugar,
distante del cuerpo físico.
La transfiguración está unida, igualmente, a las propiedades
del periespíritu, que permite al médium modificar su apariencia o fisonomía
bajo la actuación de una Entidad comunicante.
EL PAPEL DEL PERIESPÍRITU EN LAS MANIFESTACIONES
INTELECTUALES
En esta categoría, el periespíritu ocupa el papel de
intermediario de las ideas y del proceso de elaboración mental existente entre
el Espíritu comunicante y el médium.
La unión mayor, entre las dos entidades, es en el plano
mental. La expresión de las ideas, el tenor del mensaje, con todo, son
manifestaciones vía periespíritu.
El periespíritu del médium transmite a los circunstantes de
una reunión mediúmnica el pensamiento del Espíritu comunicante, sus
sentimientos y su estado emocional, de alegría o de tristeza, de dolor o de
paz, de desarmonía o de desequilibrio.
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